miércoles, 6 de marzo de 2013

EL MISTERIO DEL LAGO ASESINO

El 15 de agosto de 1984, la Tierra celebró un festival macabro, un evento telúrico en el que se dedicó a descorchar efervescencia letal durante varias horas. Suficiente para matar a 37 personas instantáneamente y llevarse por delante miles de cabezas de ganado. Pero parece que eso no fue bastante, ya que el 21 de agosto de 1986, lo hizo otra vez, y en esta ocasión acabó con 1700 vidas humanas y 2500 animales de modo imprevisible. ¿Dónde sucedió esto? Y, más importante aún, ¿qué ocurrió exactamente?

LAGO NYOS
Todo comenzó hace 29 años en el Lago Nyos, Camerún, donde esta ubicado este espejo de agua a 50 kilómetros de la frontera con Nigeria. Una mañana de 1984, del lago salió una nube blanca que se extendió unos 30 kilómetros a la redonda, matando todo lo que se encontró en su camino.

Dos años después sucedió lo mismo, esta vez en el Lago Monoun, que también está en Camerún, en agosto y después de un deslizamiento de tierras en las orillas del lago.

Para encontrar explicación a este fenómeno, acudieron expertos de todo el mundo. El relato de los supervivientes señalaba que la nube olía a pólvora y huevos podridos. Los científicos sospecharon primero del azufre como causante de la explosión, pero la respuesta se le iba a hacer más esquiva; tanto que los investigadores aún no se ponen de acuerdo, y por eso es lo que se sabe hasta ahora de lo que ocurrió en Camerún.

LAGO MONOUN
El investigador del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el sr.. William Evans, comenta desde California, que ya él investigó en Nyos y Monoun poco después del desastre, siendo lo primero que hizo descartar el azufre como culpable ya que cuando empezaron a investigar encontraron relatos de pilotos de la Segunda Guerra Mundial que refería alucinaciones olfativas similares cuando eran sometidos a altas concentraciones de CO2.

Debido a que en esta región de Camerún no hay otra fuente de CO2, los científicos centraron sus miradas directamente en el manto terrestre.

Desde allí, a unos 40 o 50 kilómetros de profundidad ascendían enormes cantidades de CO2 hasta llegar al lago, y según confirmó Evans, que analizo el agua pocos días después del suceso, afirmó que el agua tenía entre un 90 y un 99% de CO2. Este llega a los lagos cercanos a zonas volcánicamente activas y se acumula lentamente hasta alcanzar cantidades peligrosas.

HARALDUR SIGURDSSON
El sr. Haraldur Sigurdsson, geólogo y vulcanólogo islandes que fue uno de los primeros expertos que visitó Noys, asegura que el gas llega al lago, pero no forma burbujas, pues el peso del agua es tal que lo disuelve, por eso no lo vemos, pero si se libera la presión de repente, el gas brota de manera explosiva.

Sucede algo parecido a cuando tienes una botella de cava, las burbujas no las ves hasta que agitas la botella, y si liberas la presión de la botella, todo explota, y eso sucedió en Nyos y Monoun; se liberó la presión.


¿Qué hace falta para que esto ocurra?. Pues los expertos aún no se ponen de acuerdo: movimientos tectónicos, saturación de los niveles de CO2.


Otro dato que llamó la atención de los investigadores fue que ambos eventos tuvieron lugar en agosto, época de lluvias en Camerún.


ANIMALES CONTAMINADOS
Para Evans, sin embargo, está muy claro que la causa son los deslizamientos de tierra, ya que en ambos lagos se detectaron corrimientos en sus márgenes.

Una vez que se libera la presión, el desastre es inminente y la única opción es huir a las alturas: el CO2 es más denso que el aire, por lo que no asciende mucho.


La nube blanca tiene altas concentraciones tóxicas de dióxido de carbono, y solo un mero 10% presente en la atmósfera ya resulta letar para el ser humano, y en Nyos, los expertos llegaron a medir niveles de hasta el 30% de CO2, poco después de la explosión. Una vez que se libera la presión, el lago recupera una tensa calma, y la atmósfera al cabo de varios días, vuelve a ser respirable.


CAMPESINO CON RESTOS DE SU GANADO
Tras el desastre hubo dos acciones inmediatas, solución y análisis.

La primera se buscó un modo de resolver el problema, y la respuesta fue colocar tuberías de un plástico con una densidad similar a la del agua y llevarlas casi hasta el fondo del lago, a unos 200 metros de profundidad. Por ellas se liberaría el CO2. Un equipo francés realizó la tarea hace 10 años y desde entonces los niveles de dióxido de carbono no han vuelto a aumentar.


La segunda, el análisis, en cambio comenzó en la misma fecha, pero aún no se ha completado. El primer paso fue buscar en otros lagos del mundo situaciones similares: actividad volcánica y, sobre todo, clima tropical. Este último dato resultó de suma importancia, ya que se demostró que la temperatura de los dos lagos es de unos 22 grados en la superficie y 23 grados a unos 100 metros de profundidad, y según Evans, esto impide que se lleve a cabo la convección, y así, la temperatura permanece estable y son más probables los estallidos, ya que esto ocurre porque en la convección, el agua caliente del fondo asciende y reemplaza al agua fría, que se hunde a su vez. Cuando esta se calienta, toma el sitio de la que se enfrió en la superficie, siendo un circulo constante que, de haberse dado en Camerún, habría impedido que el CO2 se acumulase.


LAGO KUVU (RUANDA)
Para Evans, es muy poco probable que suceda algo así en España, ya que se han analizado lagos en Canarias, pero debido a la altura y a las diferencias de temperatura entre las estaciones del año, no representan una amenaza, y por eso la convección cumple su propósito.

Otras zonas analizadas y potencialmente peligrosas resultaron ser Madagascar, Indonesia y Ruanda (en la foto), donde se encuentra el lago Kivu, y cuyas concentraciones de CO2, medidas por expertos son cercanas al 80%.


Por si fuera poco, dos factores acentúan aún más el peligro; primero, que en sus orillas viven miles de personas y en segundo lugar, que el restante 20% de las concentraciones halladas por investigadores corresponden a metano.


Según Evans, un trabajo realizado sobre el lago Kivu, demuestra que tiene tal cantidad de metano que podría alimentar durante un mes las necesidades de energía de todo Estados Unidos, y si se explotara esta acumulación, podría tener un valor de miles de millones de euros. 


Alli hay una mina de oro, pero el socavón podría tragarse a millones de personas si se explota (nunca mejor dicho) de modo inadecuado, o llevarse por delante la economía de un país, Ruanda, que tiene mucho que perder. La duda, al igual que la nube, está en el aire.


Fuente: Quo

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