viernes, 4 de octubre de 2013

EL BARCO DE OSEBERG

BARCO DE OSEBERG
En 1870, el joven noruego Johannes Hansen llegó a Estados Unidos desde su humilde granja de Oseberg, en Noruega. Como muchos jóvenes escandinavos, esperaba hacer fortuna al otro lado del Atlántico, pero sin embargo, un encuentro con una vidente le cambió la vida.

Al parecer la mujer le dijo que no era necesario que sufriera penurias en América para hacerse rico, ya que el túmulo que se alzaba en sus tierras escondía un gran tesoro y sólo tenía que excavar para encontrarlo.

Este encuentro, recogido en un compendio de historia local de 1930, es muy probablemente fruto del misticismo que suele acompañar a los descubrimientos arqueológicos de principios del siglo XX. Pero lo cierto es que Johannes volvió a Oserberg y comenzó a excavar el túmulo.

BARCO DE GOKSTAD
Sus esfuerzos fueron infructuosos y abandonó la búsqueda ante la sospecha de que el montículo era en realidad  una tumba de víctimas de la peste negra de 1348. En los años siguientes, los vecinos continuaron realizando pequeñas búsquedas sobre el terreno, sobre todo después de que en 1880 se descubriera el túmulo de Gokstad, que contenía un gran barco utilizado como tumba de un príncipe vikingo del siglo IX.

Un vecino de Hansen, Oskar Rom, decidió adquirir la granja de Oseberg con la intención de proseguir los trabajos; y así fue como en 1903, tras escavar una trinchera para drenar el agua del terreno, Oskar Rom encontró un pequeño fragmento de la madera tallada de unos 20 centímetros: era el principio del que sería el mayor descubrimiento arqueológico de Noruega.

EXCAVACIÓN OSEBERG 1904
En la tarde del 8 de agosto de 1903, Rom se personó en la oficina del profesor Gabriel Adolf Gustafson, director del Museo de Antigüedades de la Universidad de Cristianía (Oslo), un año antes, un inspector local ya había intentado llamar la atención del arqueólogo sobre las excavaciones que los vecinos estaban haciendo en Oseberg, pero Gustafson, un hombre algo arrogante y condescendiente, no prestó atención al aviso.

Rom estaba a punto de sufrir el mismo destino cuando Gustafson vio el fragmento de madera que el granjero había traído consigo. El delicado patrón de la decoración no dejaba lugar a dudas sobre el origen vikingo del descubrimiento, y al día siguiente viajó a Oseberg para realizar un sondeo en el túmulo para estimar su valor.

El 10 de agosto informaba en el periódico Aftenposten que se había hallado un nuevo barco funerario vikingo. Ante la expectación suscitada, Oskar Rom se apresuró a sacar tajada y pidió 12.000 coronas noruegas a Gustafson, una suma considerable en aquella época. Sin una ley de patrimonio que protegiera el yacimiento, el arqueólogo no tuvo más opción que buscar fondos para poder hacer frente al pago.

El 13 de junio de 1904, se inició la excavación. El túmulo, de 40 metros de ancho por 6 de alto, había sido construido con arcilla azul y piedras cubiertas con turba, un material vegetal que se obtiene en pantanos. Este recubrimiento había servido para sellar el contenido y había mantenido unos niveles de humedad óptimos para conservar la madera, y eso es lo que explica que el estado de conservación del barco de Oseberg sobrepase con creces el de Gokstad. Pero el peso de la tierra había aplastado la estructura del navío y la tumba alojada en su interior, por lo que la excavación se convirtió en un gran rompecabezas que los conservadores tardaron décadas en recomponer.


BARCO DE OSEBERG
Una vez despejado el terreno, se comprobó que el barco medía 21,44 mts de eslora por 5 de manga, compuesto de planchas clavadas, casi todas de roble, además un mástil de unos 9 ó 10 metros, y una vela de aproximadamente 90 m2, alcanzando una velocidad de 10 nudos. Tenía cabida para 30 remeros (cada lado del navío revela 15 huecos para los remos), y además se encuentra un amplio timón y un ancla de hierro. La proa y la popa del navío están esculpidas de forma elaborada, en un estilo que se ha dado en llamar "de Oseberg".

El barco se construyó en el año 820 y fue utilizado para su función principal durante varios años antes de servir como sepultura. Aunque apto para la navegación, el barco es bastante frágil, lo que hace pensar que debía utilizarse sólo para trayectos por las costa.

El barco se encontró con la proa mirando hacia el mar, y en la popa, tras el mástil, se halló la cámara funerario, donde se han encontrado los esqueletos de dos mujeres. Una de unos 60-70 años. que padecía una artritis severa además de otras enfermedades y la otra tenía entre 25-30 años. No se sabe a ciencia cierta quién de las dos era la de jerarquía superior o si una fue sacrificada acompañando a la otra en su muerte. La opulencia y el contenido de la tumba sugieren que se trataba de una persona de gran importancia.


HARALD HALFDAN
El análisis dendrocronológico de los troncos de la sepultura datan el entierro en otoño del año 834 y aunque la identidad de la mujer de rango elevado sea desconocida, se ha sugerido que fuera la reina Àsa de dinastía Ynling, madre de Halfdan el Negro y abuela de Harald I de Noruega (850-933).


Además del barco, el ajuar funerario incluía objetos de uso cotidiano, como camas, edredones, ropa, peines, útiles de cocina, aperos de labranza y tiendas, a parte también había un carro caballos, seis perros y dos vacas. 

CARRETA
Después de la nave, el carro es el mayor objeto del hallazgo, y al contrario que el resto de los objetos, o había sido pensado para uso práctico, ya que no podía girar, porque ni el eje de las ruedas ni las varas estaban articuladas, ya que este tipo de transporte con ruedas fue un fenómeno más tardío en los países nórdicos.

La función del carro de Oseberg debe buscarse más bien en las ceremonias religiosas, más probablemente en procesiones rituales, tal como ilustra uno de los tapices del hallazgo. El culto a la fertilidad de los pueblos germánicos implicaba, entre otras cosas, llevar al dios cubierto en un carro sobre los campos para asegurar buena cosecha.

Los carros del tapiz están cubiertos, pero a juzgar por los símbolos que los rodean, podemos suponer que una de las divinidades que ocultan es Freva, diosa del amor y la fecundidad. También podemos vincular a esa divinidad con el carro, ya que el motivo principal retratado en la parte posterior del carro es su animal especial, el gato. El vigía de los dioses, Heimdall también podría estar representado, posiblemente como las cabezas de hombre en las que el tallista ha destacado los dientes. Heimdall era también un dios, y tenia dientes de oro.

Como la más rica de todas las tumbas vikingas, la de Oseberg siempre ha sido atribuida a una reina y su esclava, sin embargo, muchos objetos de culto del hallazgo parecen sugerir que la mujer sepultada era aún más importante; quizás fuese la representante y encarnación de Freya en la tierra.

A parte, todo esto sugiere que los vikingos tenían una firme creencia en la vida más allá de la muerte, por lo que las tumbas debían ser abastecidas de todo aquello que fuera a necesitar el difunto.

El ajuar de Oseberg, parece reforzar la idea del viaje simbólico a la tierra de los muertos e indica que también las mujeres podían acceder a este mundo de ultratumba. 

Algunas imágenes del hallazgo:

CAMA DE UNA REINA
Esta imagen corresponde a la cama de una reina, la cual es de madera de 1,65 cm y tiene postes cabeceros en forma de cabezas estilizadas de animales.








DRAGÓN DE MADERA
En esta imagen podemos ver un poste con la forma de cabeza de dragón decorado con motivo vegetales y zoomorfos.














Aunque Gustafson se dio cuenta de que la tumba había sido saqueada, tal vez poco después del entierro, porque los ladrones entraron por la proa haciendo un agujero para acceder a la cámara funeraria y robar el ajuar, al tiempo que dejaban los huesos diseminados por la galería, pudo recuperar todo lo mencionado antes.

Y para terminar y gracias al escritor árabe Ahmad Ibn Fadlan, tenemos testimonio de como se realizaban estos funerales, ya que en el siglo X, realizó una descripción de un funeral de un jefe vikingo. El texto es el siguiente:


Fuente: Wikip.

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